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MANEJO SALUDABLE DE EMOCIONES
Laura Niño

Como cultura, hemos creado una vida de prisa, en la que nos sentimos obligados a cumplir con un sin fin de “listas de pendientes”, de compromisos, fechas límite, de expectativas hacia uno mismo y expectativas de los demás hacía mi.

Lamentablemente, uno de los aspectos que en esa prisa hemos olvidado, es la de atender nuestras emociones.

En esa vertiginosa vida que llevamos, diariamente estamos expuestos a un sinnúmero de experiencias emotivas, en un día experimentamos la prisa y angustia de llegar a tiempo al trabajo , de pronto un coche se atraviesa en el camino y el miedo invade; al llegar al trabajo fastidia el tener nuevamente que soportar a esa persona que no termino por aceptar, de pronto recibo una llamada y me entero que viene a visitarme mi mejor amiga, ¡que felicidad! pero también me entero que se me cayó la venta que venía buscando, ¡que frustración! En fin, en un solo día pasamos del enojo a la felicidad, susto, ansiedad, tristeza, alegría, etc. y seguimos así toda la vida.

Algunas son emociones ligeras, (aunque NINGUNA deja de ser parte de nuestros “archivos inconscientes”). Sin embargo a lo largo de la vida vivimos situaciones en las que el impacto emocional es tan doloroso, que causa heridas, afectando nuestra forma de percibir la vida, a los demás y a nosotros mismos.
¿Y qué hacemos con todas esas emociones que constantemente estamos viviendo? ¿Estamos preparados para manejarlas?

Vivimos en una cultura que le tiene MIEDO a las emociones. Reflexiona un momento y date cuenta que comúnmente lo primero que decimos a una persona que llora es: ¡NO LLORES!, esta frase pudimos haberla dicho o escuchado de forma cálida y amorosa, tratando de dar consuelo, aunque, otras veces la hemos dicho con fuerza y enojo: ¡NO LLORES! Tratando limitar el llanto de alguien que nos parece estar siendo débil o berrinchudo. Esta es una frase muy común escuchada por la mayoría de los hombres de nuestra sociedad a quienes les han enseñado que en la medida que repriman lo que sienten, mas fuertes serán.
¡No solo hemos limitado el llanto, también lo hemos hecho con la demostración de alegría! ¿Cuántas veces no quisiéramos soltar abiertamente la carcajada y nos detenernos por miedo al ridículo?
Y con los niños, quienes expresan abiertamente su alegría, pero al llegar a ciertos “decibeles” les pedimos que le bajen tantito a su felicidad.

Es de llamar la atención cómo muchas personas en televisión se muestran tan apáticas al recibir la maravillosa noticia de que han ganado ¡UN AUTO!, limitándose a un simple y quedo “gracias”… cuando es un momento de reventar de alegría, de expresión total; lamentablemente, hemos dormido nuestras emociones…Incluyendo la alegría.

La regla de oro para manejar las emociones saludablemente es: “SIN HACERLE DAÑO A NADIE, A NADA, NI A MÍ MISMO”.

Por lo tanto, el reprimirlas, el tragarnos literalmente lo que sentimos, no es saludable; atenta contra nosotros mismos. Sentir es tan natural y saludable como “ir al baño”; al alimentarnos, el cuerpo elimina lo que no necesita y lo desecha, si no lo hace, aparece el malestar, afecta la salud, y la energía se reduce y decae el estado de ánimo, etc.

Lo mismo ocurre con las emociones. Si diariamente experimentamos cientos de momentos emotivos, muchos de ellos siendo EXTREMOS, sin conocernos lo suficiente como para manejarlos de forma saludable, liberarlos y resolverlos; llegará el momento en que toda esa energía reprimida se acumule, sea tanta y tan difícil de manejar, que se enferman. Convirtiendo la tristeza en depresión, el enojo en violencia, el cuerpo empieza a enfermar y la mente se llena de experiencias que se convierten en temores, miedos y resentimientos que quitan el bienestar y la armonía.

¿Qué sucede con todo lo que reprimimos?
Todo aquello que reprimimos continua dentro de nosotros, convirtiéndonos en una olla Express, que al ir acumulando cada vez más y más presión se vuelve menos tolerante, menos paciente, menos equilibrada… con un alto riesgo de llegar a su límite y ¡explotar!, manifestándose en enfermedades, depresiones, neurosis, creando un caos en la vida, afectando la relación con los demás y con nosotros mismos.
Las emociones no son un error de la naturaleza, son la maravillosa oportunidad de permitirnos experimentar profunda y apasionadamente millones de sensaciones de todos sabores, tamaños y colores.
Sanar las emociones, es limpiar los canales de percepción de mi mundo, de la gente que me rodea, y de la forma en la que percibo la vida y a mí mismo. De esa forma, vivo seguro al sentir libre, profunda y apasionadamente… sabiendo que las emociones no me controlan, sino que soy YO QUIEN SIENTE y que soy capaz de guiarlas a tener una experiencia de vida ¡PLENA, ARMONIOSA Y EXTASIANTE!

 

 
 
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